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   La FIVET, debido a la estimulación ovárica que conlleva -en ocasiones, se trata de una clara hiperestimulación- da lugar con relativa frecuencia a embarazos múltiples. Estos embarazos ocasionan no pocos problemas ya que se puede producir tanto la muerte espontánea (en realidad provocada por la situación en que artificialmente se les puso) de algunos embriones como el nacimiento prematuro de los otros, sin ninguna esperanza de vida. Añádase a ello las dificultades obstétricas (y el consiguiente peligro para la madre) si todos los nasciturus llegasen al parto. Partiendo de estos supuestos, se acaba justificando la selección y eliminación de algunos embriones con vista a salvar a los demás o, por lo menos, a uno de ellos. Es la técnica, denominada “reducción embrionaria”, que consiste en eliminar algunos embriones del útero para facilitar que sólo algunos puedan llegar a término.    Este planteamiento ha dado lugar a una intervención magisterial (1), que apoyándose en la Encíclica Evangelium vitae (2), rechaza este modo de proceder (3), ya que procura la eliminación voluntaria de una vida humana y -afirma taxativamente- “jamás podrá ser moralmente lícito provocar la muerte de manera voluntaria” (4).

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(1) Consejo Pontificio para la Familia, Declaración sobre la reducción embrionaria, 12 de julio de 2000: Ecclesia 3007 (2000), 1199.

(2) Cfr. nn.32, 39, 57, 58, 62 y 63. Cfr. también Instr. Donum vitae, I, 1.

(3) Incluso podría tener connotaciones eugenésicas (como es medir la vida humana por parámetros de normalidad o de “bienestar físico”).

(4) Consejo Pontificio para la Familia, Declaración sobre la reducción embrionaria, o.c.

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