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    Un número muy elevado de enfermedades (cerca de 2500) tienen su origen en un defecto genético, es decir, en la alteración de un gen o de su sistema de expresión, que no permite la síntesis de una determinada proteína en su forma biológicamente activa. Pues bien,  se ha pensado que los enfermos portadores de estas anomalías podrían beneficiarse de las técnicas llamadas de “ingeniería genética”. Es tal el espectacular progreso de la biología y de las tecnologías médicas, que ya se puede aislar un gen, determinar su estructura, intervenir sobre embriones y alterar sus características,  etc. En este sentido, enfermedades que tienen su origen en la alteración de un gen, podrían tener solución con una terapia genética que permita la no inserción del gen defectuoso, o la corrección de las señales que controlan su expresión en los tejidos afectados (1).    Las técnicas que se ocupan de esta área del saber se conocen con el nombre de “ingeniería” o manipulación genética. Para algunos este último nombre tiene connotaciones peyorativas (no les agrada lo de manipulación) y se prefiere el de ingeniería o “instrumentación” genética.

   El objeto propio de este tipo de técnicas está a debate. Para algunos autores, la “ingeniería genética” tiene un sentido muy amplio, y sirve para referirse a cualquier intervención biomédica, ya sea la transmisión de la vida, la fecundación artificial o la selección de sexo. Para otros, con ese nombre se quieren indicar los métodos sobre el tratamiento de la información genética contenida en el ADN. Convendría, pues, diferenciar dos modalidades o tipos de intervención (2): las “terapéuticas” o “correctoras” y las “constructivas” o “creativas”, cada una de las cuales da lugar a diferentes problemas éticos. Las “terapéuticas” están dirigidas a reparar los defectos orgánicos que producen algunas enfermedades en los individuos y a mejorar las características fenotípicas de la humanidad. La ingeniería “creativa” tiende a crear o a desarrollar nuevas características, morfológicas o funcionales, en el organismo, modificando el contenido genético hereditario (3).

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(1) Remitimos al estudio de Sarmiento, A.; Ruiz-Pérez, G.; Martín, J.C., Ética y genética, 2ª ed., Ediciones Internacionales Universitarias, Barcelona 1997; cfr. también López Moratalla, N. Deontología biológica, Facultad de Ciencias, Universidad de Navarra, Pamplona, 1987.

(2) Cfr. Carrasco de Paula, I. “I problemi etici dell’ingegneria genetica”, en AA.VV., Bioética: un’opzione per l’luomo, Jaka Book, Milán 1989, pp. 85-108.

(3) No es éste el momento de detenerse en las cuestiones éticas concretas suscitadas en este campo. Nos interesa más tratar de comprender el uso de la biotecnología para el futuro de la humanidad, ya que se trata de orientarla a fin de que ayuden a la mejora del bien integral del hombre. Desde el punto de vista ético, la cuestión principal está en saber si el hombre tiene derecho incondicional a usar todas las capacidades técnicas de que puede disponer, o si existen -como es obvio- límites en el terreno ético. La cuestión está en lograr individuar tales límites.

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