20, Marzo, 2008

Hace años leí el diario de una persona muy joven. Me impresionó su contenido. Hoy deseo copiarte uno de sus párrafos. Creo que te servirá de aliento. Decía así: «Estoy triste; sola; sin Dios en mi alma. Necesito confesarme, pero no me atrevo. Me da vergüenza. Intento luchar, pero no puedo. Siento un peso enorme. Quizás vaya mañana. Sí, de mañana no pasa. Aun así no me quedo tranquila. Sé que debo hacerlo ahora. ¿Seré capaz? ¿Podré vencer? Señor, te necesito; quiero lograrlo pero me cuesta; dame fortaleza. Parece que poco a poco me voy decidiendo. Alguien me anima por dentro: “¡Vence!”. “¡Tú puedes!”. Voy a dejarlo todo. Iré a confesarme. Son las ocho de la noche. Por fin me he confesado. Tengo una alegría enorme. Pienso que hoy debo aprender una lección importante: jamás caeré en la trampa de mi cobardía o de mi vergüenza. Confesaré semanalmente». (more…)





