
La crispación de la clase política de nuestro país se nos está contagiando a la gente de a pie. Son varios los que me han contado que en las pasadas fiestas de Navidad la tensión por la situación política ha afectado hondamente a la tradicional alegría de la celebración familiar: hermanos peleados entre sí, familias enteras discutiendo agriamente sobre si el gobierno debía proseguir o no el diálogo con ETA después del atentado, y conflictos semejantes. Es muy comprensible la preocupación por el destino de la cosa pública, pero parece del todo insano que la paz del hogar se vea trastornada en su intimidad por los acontecimientos políticos. (more…)







