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   “En el principio, Dios creó el cielo y la tierra” (Génesis 1,1). Así comienza la Biblia, y el primer capítulo del Génesis relata de manera gráfica cómo creó Dios al mundo. Sin utilizar ningún material, ni tampoco instrumentos, Dios fue creando todas las cosas: el cielo y la tierra, los animales y las plantas…, y por último el hombre. Dios creó el mundo de la nada. La creación entera es fruto del amor y omnipotencia de Dios: las cosas pequeñas -hierbas e insectos-, y las grandes: el sol, la luna, los sistemas planetarios, las nebulosas, los mares… El ser más perfecto de la creación visible es el hombre. Y Dios sigue creando y gobernando todo con sus leyes.    ¡Qué bonita es la creación! Al contemplarla es fácil dar gloria y alabar a Dios. Además, Él quiere que los hombres cooperemos a su obra con nuestro trabajo. Es tanta la dignidad del trabajo que, como dice la Sagrada Escritura, el hombre ha sido creado para que trabajara y así dominara la creación de un modo inteligente.   En este tema veremos con detalle qué significa que Dios ha creado el mundo, tal como lo profesamos en el Credo: “Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra”.

   1. Dios es eterno

   Sólo Dios es propiamente eterno, es decir, no tiene principio ni fin. En Dios no hay pasado ni futuro, sino un presente inmutable. Hubo un momento en que solamente existía Él, pero quiso comunicar sus perfecciones a otros seres; quiso crear el mundo y especialmente el hombre, que está hecho a su imagen y semejanza. Dios pensó en todos los hombres -en cada uno de nosotros- mucho antes de crearnos. No existíamos y ya nos amaba. Y como Dios amaba al hombre, le preparó un lugar estupendo: el mundo creado con todas sus maravillas (el mar, las montañas, los animales, las plantas, el cielo, etc.).

   2. Dios ha creado el mundo de la nada

   El hombre necesita tiempo y esfuerzo para construir un edificio o fabricar un objeto, pero Dios hizo todas las cosas con sólo su querer y lo creó todo de la nada. Antes de que Él lo creara no existía nada.

   3. Crear no es lo mismo que fabricar

   Decimos que Dios ha creado el mundo, y no que Dios ha fabricado el mundo, para indicar que, cuando empezó a existir, no había nada, siendo Dios quien hizo que existiera. Crear quiere decir “hacer que exista algo que antes no existía, sacándolo de la nada”. El hombre no puede crear; puede modificar, por ejemplo, el cauce de un río, o fabricar un tejido usando como materia el algodón o las fibras sintéticas, o montar un coche uniendo las distintas piezas.

   4. Dios creó para su gloria y por amor

   Cuando contemplamos una obra de arte -una catedral, por ejemplo-, nos maravillamos y alabamos el genio de su autor. Aquella obra de arte es una gloria para los que la construyeron.

   Al contemplar la grandeza del mundo: los astros, el mar, las plantas; al mirar la perfección de las cosas más pequeñas: un pajarillo, un insecto, nos maravillamos y alabamos a Dios que es su autor. El mundo es una manifestación de la perfección divina, un reflejo de lo que es Dios, y el mundo canta la gloria de Dios. A esa glorificación debe unirse el hombre, no solamente por ser la criatura más perfecta de la creación visible, sino, además, porque Dios ha puesto todas las cosas a su servicio. Pensando en el hombre, Dios creó todas las cosas y las puso en sus manos.

   5. El trabajo y el dominio de la tierra

   Dios podía haber creado las cosas tal y como existen; por ejemplo: las mesas, las casas, las centrales eléctricas… Pero ha querido que el hombre domine la creación trabajando y sacándole todo su fruto. Cuando el hombre trabaja, colabora con Dios para dominar la creación, ya que Dios así lo quiso.

   Y como en la creación Dios lo hizo todo muy bien, porque es Dios y porque le mueve el amor que tiene a los hombres, así el hombre tiene que hacer las cosas bien y por amor a Dios, para que cuando Dios vea ese trabajo pueda decir: “Lo que hace el hombre está bien hecho”. Hay que hacerlo poniendo esfuerzo y ofreciéndolo a Dios.

   6. Dios conserva y gobierna el mundo

   Para que las cosas duren, procuramos conservarlas: se reparan los desperfectos, se engrasan las máquinas, se protegen del frío o del calor…; si las cosas no se cuidan, se estropean y ya no sirven. Podemos imaginar así la conservación del mundo, con la diferencia de que, si Dios no lo conservase, desaparecería y volvería a la nada.

    Además, Dios gobierna este mundo, y de manera especial a los hombres, con unas leyes que están impresas en su naturaleza, respetando siempre la libertad que les dio como uno de los grandes regalos.

   7. Ofrecer el trabajo del día y mostrar agradecimiento al Señor

   Al empezar el día debemos ofrecer a Dios todo lo que vamos a hacer. Nos puede servir esta oración:

   “Te adoro, Dios mío, y te amo de todo corazón; te doy gracias por haberme creado, hecho cristiano y conservado esta noche; te ofrezco todas mis obras y te ruego que me guardes en este día de todo pecado y me libres de todo mal. Amén”

    Para no comer como los paganos, que no conocen a Dios, los cristianos bendecimos la mesa y damos gracias después de comer. Podemos decir al empezar a comer: “Bendice, Señor, estos alimentos que por tu bondad vamos a tomar”. Y al terminar: “Te damos gracias, Señor, por los beneficios que hemos recibido de tus manos”. El agradecimiento debe abarcar nuestra vida entera, que es un don de Dios.

   8. Tener confianza en Dios

   El conocimiento de la Providencia que Dios ejerce sobre el mundo y sobre cada uno de nosotros nos debe llevar a una decisión confiada de ponernos en sus manos, para que de verdad y para siempre sea la fuente de nuestra serenidad, seguridad y alegría.

Curso de Catequesis. Don Jaime Pujol Balcells y Don Jesús Sancho Bielsa. EUNSA. Con la autorización de Don Jesús Sancho

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