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Jesús camina por el sendero de una montaña.  Junto a Él, sus discípulos y mucha gente que le sigue desde lejos.  De pronto, aparecen diez leprosos.  Se acercan a Jesús y le piden que cure su enfermedad.  El Señor les manda que vayan a Jerusalén y se presenten a los sacerdotes.  Por el camino quedan curados.  Imagínate su alegría. ¡Por fin lo han logrado! Pero, ¿qué ocurre?  Sólo uno vuelve donde está el Señor y le da las gracias.  Los demás no son agradecidos y Jesús se queja de su descortesía: «¿No han sido diez los curados? ¿Dónde están los otros nueve?».  Como ves en este pasaje, a Jesús le gusta y desea que agradezcamos sus beneficios.

El regalo más importante que pueden hacerte es que el Señor, tu Dios, viva dentro de tu alma y te convierta en algo divino.  Esto sucede cuando comulgas. ¿Qué puedes hacer después de recibir a Jesús?  Mira, no tengas prisa.  No seas desagradecido como estos leprosos.  Vete a tu banco, ponte de rodillas y dile: «Señor estoy contento; te doy gracias porque vives en mi alma».  Pídele, después, por las personas y cosas que amas: por la Iglesia y el Papa; por tu Obispo y los sacerdotes; por tus padres, hermanos y familia; por tus amigos y compañeros; por los que sufren… Luego háblale de ti.  Cuéntale algo de lo que te cuesta: el trabajo bien hecho, la obediencia, dejar tus cosas a tus hermanos y compañeros, hablar bien de otras personas, no tener envidia; la oración de la mañana o de la noche, la visita diaria, confesar y comulgar con frecuencia, oír la Santa Misa con amor… Elige, después, una de ellas y pídele ayuda para conquistarla. ¡Con Jesús vencerás!  En tu vida desaparecerán las derrotas.  Puedes, por último, ofrecerle todo lo que has hecho durante el día y darle gracias por sus beneficios.

Cuando no puedas recibir a Jesús, haz esta comunión espiritual: «Yo quisiera, Señor, recibimos con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los Santos».

    Miguel Ángel Cárceles. La aventura de acercarse a Dios. Juvenil Mundo Cristiano.

    SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

            Objetivo.- Darle gracias a Dios después de comulgar.

        Contenido. Gratitud.

    El Señor se siente dichoso cuando también nos ve agradecidos con todos aquellos que cada día nos favorecen de mil maneras. Para eso es necesario pararnos, decir sencillamente “gracias” con un gesto amable que compensa la brevedad de la palabra… Es muy posible que aquellos nueve leprosos ya sanados bendijeran a Jesús en su corazón…, pero no volvieron atrás, como hizo el samaritano, para encontrarse con Jesús, que esperaba. Quizá tuvieron la intención de hacerlo… y el Maestro se quedó aguardando. También es significativo que fuera un extranjero quien volviera a dar las gracias. Nos recuerda a nosotros que a veces estamos más atentos a agradecer un servicio ocasional de un extraño y quizá damos menos importancia a las continuas delicadezas y consideraciones que recibimos de los demás allegados.

Francisco Fernández Carvajal. Hablar con Dios. Ediciones Palabra. Madrid. 1987. Tomo V. Página 318 y 319.

         Actividades.- 

1.-Leer el texto y contestar a estas preguntas:

            a) ¿A cuántos leprosos curó Jesús?

            b) ¿Cuántos volvieron a darle las gracias?

            c) ¿Por qué se disgustó Jesús?

            d) ¿Cuál es el mayor regalo que podemos recibir?

            e) ¿Por quién podemos pedirle su ayuda?

            f) Escribe el texto de la comunión espiritual.

        2.-Varios alumnos leen sus respuestas.

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