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   Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro SeñorLos periódicos cuentan que alguien -mujeres, hombres y también niños- ha expuesto heroicamente su vida par salvar a otros, arrostrando peligros, incluso la muerte, para ayudar a sus semejantes. Se les puede llamar “salvadores”; y los que han sido salvados recuerdan con agradecimiento a quienes les ayudaron en momentos difíciles. En el tema anterior decíamos que Dios se apiadó de los hombres y les prometió un Redentor para salvar a la humanidad del pecado y de sus graves consecuencias. Para salvarnos, Dios envió a su Hijo, que es Jesucristo, el Cristo, o Jesucristo.  

   Los Evangelios cuentan lo que Jesús hizo y enseñó, mostrando que es verdadero hombre: nace de una mujer -la Virgen-, tiene cuerpo como el nuestro, habla, llora, tiene hambre, sufre… También proclaman su divinidad: hace milagros, perdona los pecados, dice de sí mismo que es el Hijo de Dios y resucita por su propia virtud. Como afirma la fe de la Iglesia, Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre.

   Además de Salvador y Redentor, Jesucristo es el modelo para los hombres, especialmente para los cristianos. Es lógico que tengamos especial interés por conocer quién es Jesucristo: su vida en la tierra; su pasión, muerte, resurrección y ascensión a los cielos; su doctrina. Cristo vive, y no sólo hemos de conocerle sino amarle, cada día un poco más. Lo amaremos si le tratamos. ¿Y cómo tratar a Cristo? A través de la oración y de los sacramentos.

   1. Dios no abandonó a los hombres, a pesar del pecado

   A pesar del pecado, Dios seguía amando a los primeros padres y a sus descendientes, y quiso restaurar lo que el pecado había destruido. Y prometió que salvaría a los hombres de su pecado, recuperando el don de la gracia: volverían a ser hijos de Dios y herederos del cielo, aunque sin recobrar los dones preternaturales, es decir, los privilegios que el Señor añadió a la naturaleza humana: inmortalidad del cuerpo, inmunidad de enfermedades, etc.

   2. A lo largo de la historia, Dios recuerda la promesa que hizo a Adán y Eva

   Para que los hombres no se olvidaran de que iba a enviar al mundo un salvador, Dios les recuerda con frecuencia esa promesa por medio de Abrahán, Jacob, Moisés, David… Son los Profetas, sobre todo, los que hablan del Mesías, del Salvador que habrá de venir: Isaías (7,14) proclama que nacerá de una “virgen”; Miqueas (5,2) señala incluso dónde va a nacer: en “Belén”.

   3. El Salvador o Mesías es Jesucristo

   Para salvar al mundo de sus pecados, Dios no manda un ángel: envía a su propio Hijo. Por eso dice el Señor: “Tanto amó Dios al mundo que le envió a su Hijo Unigénito” (Juan 3,16). El Salvador es Jesucristo, el Hijo de Dios, nacido de las entrañas purísimas de la Virgen María. Por eso el Señor se llama Jesús, que quiere decir “Salvador”. El arcángel San Gabriel se lo dijo así a San José: La Virgen “dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús, porque salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1,21).

   4. Jesucristo es verdadero Dios   Nosotros sabemos que Jesucristo es Dios porque Él nos lo dijo y porque lo demostró con sus obras. Nos dijo: “Yo y el Padre somos una misma cosa (Juan 10,30); quien me ve a mí ve al Padre (Juan 14,9); nadie conoce al Padre sino el Hijo” (Mateo 11,27).

   Jesucristo hace cosas que sólo puede hacer Dios. Cura a los mudos, a los ciegos, a los leprosos…; resucita a su amigo Lázaro, al hijo de la viuda de Naím…; perdona los pecados al paralítico, a la Magdalena, a la mujer adúltera…; y todo esto lo hacía por su propia virtud, porque era Dios.

   5. La resurrección de Cristo, la mayor prueba de que es Dios

   Jesucristo murió verdaderamente y resucitó también de verdad. Se apareció repetidas veces a sus discípulos, y estos lo atestiguaron. Sus enemigos querían ocultar esta prueba de su divinidad (cfr. Mateo 28,11-15). La resurrección de Cristo es la mayor prueba de que es Dios, pues resucitó por su propia virtud.

   6. Jesucristo es verdadero hombre

   Jesucristo es igual a nosotros, menos en el pecado y el error. Él no tuvo ningún pecado, ni se equivocó jamás. Sin embargo, tuvo madre como tenemos nosotros; trabajó con sus manos, ayudando a San José; tuvo hambre y sed, comía y bebía; se cansaba después de hacer un esfuerzo; tuvo amigos y lloró cuando murió su amigo Lázaro; se alegraba con sus discípulos, con los niños… Jesucristo no sólo es perfecto Dios, sino que además es perfecto hombre.

   7. Jesucristo vive y es nuestro modelo

   Jesucristo venció a la muerte. resucitó y subió al cielo. Como Dios, está en todas partes y todo lo ve y lo oye. Jesucristo está en el cielo y en la Eucaristía.

   Podemos hablar con Él de nuestras cosas y de sus cosas. Él nos escucha y nos habla, no con palabras sino en nuestro corazón. Tenemos que aprender de Jesús porque con su vida, con sus obras y sus palabras, nos enseñó lo que tenemos que hacer para salvarnos y cómo lo tenemos que hacer. Él mismo ha dicho: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14,6).

   8. Hay que conocer y tratar a Jesús

   Los amigos salen juntos, conocen dónde vive cada uno, cómo piensa, cuál ha sido su vida, hablan de sus cosas. Con Jesús pasa lo mismo. Si queremos tratarle, lo encontraremos en el evangelio, en la oración y en el sagrario.

- El Evangelio. Cuando leemos el evangelio conocemos más a Jesús: cómo es, cómo quiere a sus amigos, lo que espera de ellos. Por eso, debemos leer todos los días el evangelio, aunque sólo sea unos minutos.   

- La oración. Podemos hacer un rato de oración en la iglesia o en nuestra casa, en un lugar donde estemos tranquilos y en silencio, para hablar con el Señor de lo que nos preocupa, pidiéndole lo que necesitamos o deseamos y dándole gracias por todo.

- La Visita al Santísimo. Aunque Jesús está en todas partes, porque es Dios, está de una manera especial en el Sagrario. Es muy bueno que todos los días vayamos a hacerle una visita, aunque sea corta, para saludarle, hablar con Él y escuchar lo que nos dice en el fondo de nuestra alma. También podemos saludarle con el corazón cuando vemos una iglesia, pensando que está en el Sagrario.

Curso de Catequesis. Don Jaime Pujol Balcells y Don Jesús Sancho Bielsa. EUNSA. Con la autorización de Don Jesús Sancho

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