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   En este artículo se pasa revista a algunas de las fuentes familiares y escolares de psicopatología en la etapa infanto- adolescente. Lo que se pretende fundamentalmente es sensibilizar a padres y profesores de la necesidad de velar por la salud mental de los más pequeños. Se enfatiza también el valor del vínculo entre la familia y la escuela para la prevención y tratamiento de trastornos mentales.Valentín Martínez-OteroProfesor Universitario y Doctor en Psicología y en Pedagogía   RESULTA imposible en  estas  líneas repasar todos los trastornos de la etapa infanto-adolescente, pues constituyen un conjunto muy amplio, pero sí procede sensibilizar a la comunidad educativa y, en particular, a padres y profesores de la necesidad de salvaguardar la salud mental de hijos y alumnos. Es bien sabido que la familia y la escuela tienen gran impacto en el equilibrio psicológico de niños y adolescentes. La familia es la estructura relacional primera y principal en la formación de la personalidad. Con la incorporación del hijo a la escuela la función educativa pasa a compartirse con esta institución, en la que por cierto el niño tendrá que poner a prueba todos sus recursos personales (intelectuales, afectivos, sociales, psicomotores, etc.) para adaptarse. La cálida realidad hogareña, vivida hasta entonces de manera exclusiva, debe complementarse con las nuevas y no siempre fáciles situaciones escolares. La experiencia infantil adquiere así un sello más profundo y complejo en el que a veces surgen problemas (fobia escolar, fracaso, inadaptación…). Aunque la salud mental no depende únicamente de factores ambientales, es innegable que cuando ambas instituciones son sanas y las relaciones que se establecen en su seno positivas los menores tienen muchas probabilidades de desarrollarse adecuadamente.   El concepto de trastorno psicológico no admite una definición única. A esto ha de agregarse que en el continuum “normalidad-patología” no siempre es fácil precisar en qué momento se quiebra la salud. A menudo la presencia de un conjunto de síntomas que generan malestar o interfieren en la actividad de la persona permite hablar de trastorno mental. La anomalía acontece en el plano cognitivo, emocional, conductual, relacional o social y altera la vida de forma significativa. El trastorno mental propiamente dicho supone una pérdida del equilibrio psíquico que limita las posibilidades de realización personal. No debe confundirse con problemas psicopatológicos menores, muy frecuentes durante la etapa de crecimiento, como la onicofagia (comerse las uñas), oposicionismo, mentiras menudas, falta de higiene, terrores nocturnos, etc., que pueden expresar leve inmadurez, ansiedad ante determinadas situaciones o adquisición de un hábito inadecuado. La psicopatología mayor infanto-adolescente puede variar según la edad y el género, pero en general afecta a aspectos como: aprendizaje, desarrollo, conducta, eliminación, alimentación, sueño, comunicación, etc. La gama es tan amplia que cuando padres o maestros tengan dudas lo más indicado es que consulten a un especialista, para que valore la magnitud del “problema”. Más allá del tratamiento psicológico o médico es imprescindible contar con la participación del centro educativo y la familia.Causas de los trastornos psíquicos

   El estudio de las causas de los trastornos mentales (etiopatogénesis) generalmente desvela una combinación de factores orgánicos, psicológicos y sociales. Hay ocasiones en que predominan las causas biológicas (anomalías genéticas, disfunciones cerebrales, etc.). A veces, en cambio, la clave hay que buscarla en experiencias infantiles traumáticas relacionadas con agresión, desatención, rechazo, etc., cuyo impacto negativo depende en parte de la fortaleza de la personalidad del menor. La debilidad psíquica en los primeros tramos evolutivos puede impedir una asimilación del conflicto, que a su vez acrecienta la vulnerabilidad y dificulta el desarrollo personal. Un tercer grupo de causas principales de problemas psicopatológicos hay que buscarlo en las experiencias sociales. En este sentido, gran poder patógeno corresponde a situaciones familiares y escolares presididas por la excesiva rigidez, la mala comunicación, la falta de afecto, la sobreprotección, etc., lo que llevaría a poner en entredicho la pedagogía imperante en ciertos hogares y centros educativos. Tampoco cabe prescindir del ambiente sociocultural en la valoración de riesgos psicopatológicos que se ciernen sobre niños y adolescentes. Un macrocontexto caracterizado por la corrupción, la confrontación, la represión, la manipulación de los mass media, la pobreza económica, la contaminación y el alejamiento de la naturaleza, el abuso de la técnica, la extensión de las estructuras burocráticas, etc., es terreno abonado para la enfermedad mental. Evidentemente, la intervención de los factores sociales (sociogénesis) no es fácilmente separable de las causas psicológicas (psicogénesis) ni de los aspectos biológicos. La ponderación de las distintas dimensiones, en la medida en que sea posible, requeriría probablemente un estudio pormenorizado de cada caso. Nuestra pretensión, previa constatación del trasfondo pedagógico y sociocultural de buen número de problemas psicopatológicos presentes en la infancia y en la adolescencia, se condensa en salvaguardar la salud mental de hijos y alumnos por medio de la mejora de la convivencia familiar y escolar. En los próximos apartados veremos, por lo mismo, sendos análisis sintéticos de dichos ambientes.

 Fuentes familiares de psicopatología

   La familia en los países occidentales está experimentando grandes transformaciones de todos conocidas. Con carácter general, esta institución en la actualidad es más flexible y compleja, lo que equivale a decir que la familia no sigue exclusivamente un esquema tradicional constituido por el padre, la madre y los hijos nacidos en el seno del matrimonio. Las consecuencias de las condiciones en que se encuentra la familia varían, pero resulta indudable que a medida que se incremente la desintegración en el hogar, sus miembros quedarán expuestos a mayor número de problemas psicológicos. El modelo de relaciones familiares presidido por la escasa comunicación, la debilidad estructural o la rigidez constituye una de las causas reales de psicopatología en niños y adolescentes. Los progenitores están hoy absorbidos por la prisa y el trabajo, lo que resta tiempo para dedicarlo a los hijos. El bienestar material en el hogar tampoco se acompaña siempre de calidad interhumana. Un paisaje familiar repleto de aparatos electrónicos no deja sitio al encuentro afectivo. En este marco de creciente despersonalización hallamos al menos las siguientes fuentes familiares de perturbación psíquica:

- La permisividad parental establecida como reacción al autoritarismo de antaño ha resultado ser igualmente nefasta para el desarrollo emocional y social de los niños. La estructura permisiva corresponde a comunidades familiares anómicas, aquellas en las que los padres no asumen sus responsabilidades ni establecen ningún tipo de normas, lo que conduce a los hijos hacia una desorientación peligrosa. Pensemos, por ejemplo, en el alcoholismo y en otras drogodependencias.

- La debilidad de la comunicación familiar y la soledad consiguiente. Hay que tener en cuenta también el aislamiento y el individualismo acentuados por unas tecnologías (televisión, Internet…) que con frecuencia se usan inadecuada o abusivamente. En estas circunstancias, no es extraño que en los sectores más jóvenes de la población hayan aumentado las adicciones electrónicas.

- La desintegración familiar producida por separación o divorcio. Las consecuencias del resquebrajamiento varían considerablemente según los casos, pero los conflictos y las tensiones en el hogar calan negativamente en los niños y pueden empujarles hacia la violencia, la marginación, etc.

- El estrés familiar generado por situaciones de apuro económico, exigencias de sobreadaptación, etc., perjudica la salud mental infanto-adolescente. De hecho, los niños que proceden de capas sociales desfavorecidas y los inmigrantes están más expuestos a las llamadas enfermedades psicosomáticas: asma, cefaleas, trastornos intestinales, etc.

- Los acontecimientos vitales (muerte de un ser querido, abuso sexual, abandono del hogar de un progenitor, enfermedad grave, toxicomanía de un familiar, etc.) tienen también incidencia negativa en la salud mental de niños y adolescentes.

Fuentes escolares de psicopatología

   En la institución escolar transcurre buen parte de la vida infantil, por lo que nada tiene de raro que el ambiente predominante en los centros, la naturaleza de las relaciones interindividuales que se establecen, la adecuación de la metodología docente y el tipo de estructura de enseñanza-aprendizaje, entre otros factores, influyan en el desarrollo psicológico de los escolares.

   Por otro lado, el gran avance experimentado en los países occidentales con la universalización de la enseñanza no se ha acompañado de una mejor educación. Hoy, es bien cierto, se ha extendido el período de escolaridad obligatorio y gratuito y se cuenta con más medios (materiales, económicos, etc.) de enseñanza, pero hay que albergar serias dudas sobre el genuino progreso formativo. En mi opinión, cabe hablar incluso de retroceso educativo, evidenciado no sólo por los pésimos resultados que nuestros alumnos obtienen en evaluaciones nacionales e internacionales, sino por el aumento de graves problemas: violencia, desorientación, desmotivación y pasotismo, etc. La escuela tampoco ha sido ajena a la profunda mutación social y en su seno se descubren algunas claves de perturbación psíquica que podemos compendiar en las siguientes:

- La tecnificación en los centros educativos está introduciendo un considerable cambio en la manera de organizar el proceso de enseñanza-aprendizaje, ahora mucho más dependiente de la máquina y menos de la relación personal con el profesor y los compañeros. Aunque las denominadas “nuevas tecnologías” abren muchas posibilidades a la educación si se utilizan adecuadamente, en la práctica se detecta un significativo uso inapropiado, en parte atribuible a la vertiginosa introducción de unos instrumentos cuyo manejo a veces no viene precedido de la necesaria reflexión. Los avances y cambios incesantes en el terreno tecnológico pueden generar enajenación e inadaptación tanto en los alumnos como en los propios profesores.

- Las malas relaciones personales y la fragilidad de la comunidad educativa. Un buen número de centros escolares están hoy transidos de rivalidad feroz y de individualismo. El mundo de la escuela se halla asimismo sacudido por la violencia, hasta el punto de que en algunos centros se pone en grave peligro la integridad personal y la educación se torna misión imposible.

- La adopción de un discurso docente descompensado, generalmente atento a la vertiente cognitiva pero insensible a los aspectos afectivos, estéticos, sociales y morales de la educación deja al alumno a merced de las circunstancias, esto es, desgobernado, cuando no claramente instalado en posiciones anéticas y antisociales. En las primeros niveles escolares el discurso meramente instructivo y dogmático es totalmente desaconsejable por revelarse despersonalizador y, por ende, insano en el plano psicológico.

- La estructura y la gestión escolares predominantemente rígidas y verticales son incompatibles con la implicación real de los miembros. El desenvolvimiento personal en un centro está condicionado por el tipo de planificación y gestión. En aras del desarrollo psicológico saludable del alumnado es preciso que la política de la institución favorezca tanto la conquista gradual de la autonomía como la participación responsable.

- Los alumnos con rasgos étnicos, corporales o psicológicos diferenciadores, v. gr., los inmigrantes de determinados países y los discapacitados están más expuestos a problemas psicopatológicos; de hecho, suelen ser víctimas habituales de prejuicios, tienen muy poca influencia en las respectivas escuelas y con facilidad son marginados a los que se atribuye todo tipo de caracteres negativos. Así pues, el compromiso con la salud mental del alumnado y con su formación exige frenar la tendencia segregacionista que se extiende por algunas escuelas.Alianza entre la familia y la escuela

   En la actualidad la separación entre la familia y la escuela ha aumentado de modo alarmante. Esta escisión opera como factor perturbador de la salud mental del alumnado, claramente confundido por la falta de armonía entre las dos magnas instituciones. En el marco de la común misión educativa, es bien cierto que familia y escuela desempeñan papel distinto. Si la familia se ocupa preponderantemente y por vía “natural” y espontánea del despliegue afectivo y orientación vital de sus miembros, la escuela se ocupa sobre todo de manera técnica y estructurada de las adquisiciones formativas. Más allá de las desemejanzas, debe haber colaboración estrecha entre ambas, so pena de que la educación sea socavada y el desarrollo psicológico de los hijos y alumnos amenazado. El vínculo entre familia y escuela permite mejorar la educación, prevenir ciertos problemas y solucionarlos una vez que se presentan.

   Se precisa igualmente un gran esfuerzo encaminado a mejorar cada una de estas instituciones, como se ha apuntado en los apartados correspondientes de este artículo. Ahora bien, por grandes que sean los logros, siempre tendrán un alcance limitado si no hay relación robusta entre los dos ámbitos. La extensión de las “escuelas de padres”, el fortalecimiento de las AMPAs (asociaciones de madres y padres de alumnos), la consolidación de profesionales de la orientación, la acogida en horario extraescolar a niños que, por las numerosas obligaciones de sus padres, están condenados a la desatención y a la soledad, etc., constituyen algunas de las vías apropiadas para reforzar la simbiosis familia-escuela.

   La adopción de una pedagogía familiar y escolar genuinamente humanista puede hacer mucho por la protección de la salud mental, hoy amenazada en niños y adolescentes por factores de diversa índole. Las concreciones de tal perspectiva pedagógica se resumen, en mi opinión, en tres: 1) atender al educando, en función de sus necesidades, características y circunstancia, 2) promover estructuras democráticas, cálidas y éticas, y 3) fomentar la comunicación, las relaciones personales y la participación tanto en la escuela como en la familia.Con la autorización de: http://comunidad-escolar.mec.es/

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