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   El niño hiperactivo tiene dificultades para mantener la atención y concentrarse, es inquieto, no para de moverse en la silla y habla hasta cuando no toca. Simplemente, no puede controlarse. A veces, este comportamiento repercute en el rendimiento escolar. La inmersión en las rutinas del colegio suele poner en evidencia este trastorno que, en ocasiones, crea problemas de adaptación social y de aprendizaje.

   “Este niño me agota”, “Es que no para”, “¿Es que nunca se te acaban las pilas?”. Seguro que más de una vez hemos escuchado frases como éstas. Hay niños revoltosos, nerviosos y movidos, pero a veces detrás de un niño que no para se esconde un problema que preocupa a muchos padres y que nada tiene que ver con el clásico niño travieso. Es el caso de los niños que padecen el Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH), un trastorno de origen neurobiológico que se caracteriza, como su nombre indica, por una falta de concentración, impulsividad y/o hiperactividad excesiva o inapropiada.

   Durante la primera etapa escolar ya se puede hacer un diagnóstico definitivo que determine si nuestro hijo padece o no este trastorno. Cuando era más pequeño quizá pensábamos que estaba pasando una fase especialmente movida, que ya cambiaría. Pero van pasando los años y el niño continúa igual. Éstas son las características que presenta un niño con TDAH a estas edades:

   1. Atención y concentración:

   Dificultad para establecer un orden en sus tareas o pequeñas responsabilidades en casa.

   Le cuesta ponerse en marcha (vestirse, hacer los deberes…) porque se distrae fácilmente con cualquier estímulo.

   Presenta problemas para mantener la atención hasta finalizar sus tareas (hace dibujitos, se distrae con el lápiz…).

   Pierde u olvida cosas necesarias (agenda, abrigo, bufanda, cartera, deberes…).

   Parece no escuchar cuando se le habla.

   Olvida realizar sus tareas cotidianas (cepillarse los dientes, recoger la ropa…).

   2. Impulsividad:

   Con frecuencia actúa sin pensar.

   Habla en momentos poco oportunos o responde precipitadamente a preguntas que incluso no se han terminado de formular.

   Le cuesta obedecer las órdenes, no porque no quiera, sino porque no está atento cuando se le formulan.

   Interrumpe a menudo durante juegos o explicaciones.

   Suele ser poco precavido y olvida planificar (por ejemplo, se pone a hacer los deberes sin el material).

   3. Hiperactividad:

   A menudo mueven los pies y las manos o se levantan de la silla.

   Van de un lugar a otro sin motivo aparente.

   Se balancean sobre la silla.

   Juguetean frecuentemente con pequeños objetos entre las manos.

   A menudo canturrean o hacen ruidos inapropiados con la boca.

   Hablan en exceso.

   Durante el juego les cuesta esperar su turno y jugar de forma tranquila.

   Todas estas características son normales en cualquier niño, pero en el caso de los niños con TDAH se dan con mucha mayor intensidad y frecuencia y pueden interferir en su proceso de aprendizaje y/o en sus relaciones sociales y familiares. Y es entonces cuando se convierte en problema. Hay muchas personas despistadas o impulsivas, pero estos rasgos de personalidad no les impiden quedarse quietas o concentrarse cuando es necesario.

   Tipos de TDAH

   Este trastorno se puede manifestar de tres formas diferentes, según predomine una u otra dificultad. Según los criterios del manual de Diagnóstico y Estadística de la Asociación de Psiquiatría Americana (1994), los tipos de TDAH son:

   Inatento: Son aquellos niños que presentan principalmente dificultades en la capacidad de atención. Es el clásico despistado que tiende siempre a estar en su mundo y ensimismado en sus pensamientos.

   Impulsivo-hiperactivo: Los niños que presentan dificultades de autocontrol. Aquellos que no pueden estar cinco minutos quietos, se levantan sin necesidad o dicen lo que piensan en cuanto se les pasa por la cabeza.

   Combinado: Presenta síntomas de inatención, de impulsividad y de hiperactividad.

   El niño, durante los primeros años de escolaridad, suele ser capaz de concentrarse y trabajar solo, presenta un pensamiento reflexivo, sabe jugar siguiendo unas normas y trabajar en grupo. El cambio, el niño con TDAH tiene dificultades a la hora de realizar estas actividades: no puede hacer los deberes porque olvidó anotarlos en la agenda, algunos compañeros no quieren jugar con él o, en muchos casos, se encuentra sentado solo al final de la clase. Por todo esto, a menudo los niños con TDAH presentan problemas asociados como:

   Baja autoestima.
   Mal comportamiento.
   Problemas de adaptación en la escuela.
   Mayor facilidad para sufrir accidentes.
   Problemas en las relaciones con los familiares y amigos.
   Problemas de sueño.
   Problemas emocionales.
   Dificultades a la hora de aprender.
   Alto nivel de ansiedad.

   Un buen diagnóstico será fundamental para que padres y maestros acompañemos al niño con TDAH durante esta etapa escolar e intentemos evitar la aparición de estos problemas asociados.

   El diagnóstico

   En los primeros años de escolaridad, exigimos al niño gran cantidad de demandas que para él representan cambios importantes. En casa debe ayudar cada vez más, debe permanecer sentado durante toda una comida familiar o destinar un tiempo, que antes ocupaba jugando, para hacer sus deberes escolares.

   También ocurren grandes cambios cuando entra en la escuela. Los horarios son más pautados, el número de niños por maestro es mayor… pero, sobre todo, se le exige una gran atención y control sobre sí mismo. Estos cambios, que para la mayoría se produce de una forma natural, para los niños con TDAH no son tan sencillos. Los padres luchan con sus hijos a la hora de hacer los deberes y el profesor se da cuenta de que aquel niño no rinde o no se comporta como los demás niños del grupo.

   Por eso, muchas veces el diagnóstico coincide con la entrada del niño en el colegio. El gran número de exigencias, a las que el niño con TDAH no puede responder, hacen que durante la etapa escolar sea más evidente la necesidad de un diagnóstico. Los padres debemos acudir a un profesional clínico especializado para que realice el diagnóstico. Este profesional necesitará, además de la información que le podamos dar nosotros, información por parte de la escuela mediante informes o cuestionarios, así como la exploración y observación del comportamiento y rendimiento del niño.Muchos niños son “etiquetados” por las personas que les rodean. Estas etiquetas de “gandul” o “maleducado” no facilitan la comprensión de lo que realmente le sucede al niño ni orientan cómo ayudarle, a él y a su familia. Será mediante un diagnóstico que confirme o descarte el trastorno cuando se podrá comenzar a proporcionar la ayuda adecuada. Además, el profesional deberá evaluar si existen otros problemas asociados.

   Si el especialista determina que tu hijo padece TDAH, establecerá una serie de técnicas de autocontrol y todos los tratamientos que requiera su caso concreto. En cualquier caso, diagnosticar el trastorno es el primer paso para comprenderlo y buscar soluciones.
   Fundación ADANA
   Con la autorización de: www.solohijos.com

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