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   Después de estudiar los tres primeros mandamientos, que abarcan los deberes para con Dios, vamos a considerar los siete restantes que miran al prójimo y pueden resumirse en “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.    Empezamos en el cuarto, que dice: “Honrarás a tu padre y a tu madre”. Dios quiere que -después de Él- se honre a los padres, que nos han dado la vida y transmitido el conocimiento de Dios; pero el mandamiento abarca también las relaciones de parentesco con otros miembros del grupo familiar, como los abuelos y antepasados, a los que debemos igualmente honor, afecto y reconocimiento. Finalmente, se extiende a los deberes del alumno con su maestro, el empleado respecto al patrono, del subordinado a su jefe, del ciudadano respecto a su patria y a los que la administran o gobiernan.

1. Sentido del cuarto mandamiento

   Los padres son el instrumento querido por Dios para traer nuevas vidas a este mundo. Además de la vida, procuran a sus hijos el alimento y la educación para que crezcan, se desarrollen y reciban todos los auxilios para alcanzar la santidad de vida de los hijos de Dios.

   El cuarto mandamiento nos recuerda las obligaciones que tenemos con los padres: amor, respeto y obediencia. El comportamiento de Jesús con María, su Madre, y con José, que hacía las veces de padre, debe ser ejemplo a imitar por todos.

    Por extensión, el cuarto mandamiento incluye el respeto y obediencia debidos a quienes, bajo algún aspecto, están constituidos en autoridad: profesores, autoridades eclesiásticas y civiles, la patria, etc.

2. Deberes de los hijos con los padres

   a) Amor. El primer deber de un hijo con sus padres es amarles, y el amor se demuestra con obras. Hay que rezar por ellos, darles satisfacciones y alegrías y ayudarles según las posibilidades, sobre todo si están enfermos o son ancianos.

   b) Respeto y gratitud. El respeto a los padres se muestra en una sincera veneración, y cuando se habla con ellos y de ellos con reverencia. Sería una falta de respeto levantarles la mano, despreciarlos, insultarlos u ofenderlos de cualquier modo y avergonzarse de ellos.

   Si se advierte que los padres tienen algún defecto o rareza -particularmente cuando son mayores-, o que no hacen lo que deben, hay que rezar, comprenderlos y disculparlos, ocultando sus defectos y tratando de ayudarles a superarlos, sin que jamás salga de la boca una palabra de crítica.

   c) Justa obediencia. Hay que obedecer a los padres con prontitud y diligencia, siempre que no sea pecado lo que mandan. La obediencia exige esfuerzo, porque es mucho más fácil ser “rebelde” haciendo continuamente el propio capricho. Para obedecer hace falta un corazón bueno y vencer el propio egoísmo.

3. Otras obligaciones del cuarto mandamiento

   Dentro de este mandamiento se incluyen, además de los padres, otras personas a las que se debe también obediencia, amor y respeto:

   a) Los hermanos. Especialmente los hermanos mayores deben procurar dar buen ejemplo evitando enfados, riñas y envidias; el egoísmo, en una palabra.

    b) Familiares y amigos. El amor y el respeto de la familia alcanza de modo particular a los abuelos, tíos, primos y a los amigos.

   c) Profesores y bienhechores. Son los representantes de nuestros padres y por eso se les debe agradecimiento y respeto.

   d) Los Pastores de la Iglesia. Porque somos hijos de la Iglesia, tenemos que amar a los que gobiernan muestra alma, rezar por ellos y obedecer sus indicaciones. La lealtad pide no murmurar nunca.

   e) Deberes con la Patria y autoridades civiles. Como toda autoridad viene de Dios, hay que amar y servir a la Patria, la madre común, respetar y obedecer a las autoridades civiles y cumplir las leyes, siempre que sean justas.

   4. Deberes de los padres con los hijos

Los padres han de amar, sustentar y educar a sus hijos: cuidar de sus necesidades espirituales y materiales, dándoles una sólida formación humana y cristiana. Para conseguirlo, además de rezar por ellos, deben poner los medios eficaces: el ejemplo propio, los buenos consejos, elección de escuela, vigilar las compañías, etc. Después de haberles aconsejado, han de respetar y favorecer la vocación de los hijos cuando eligen el camino de su vida, en lo humano y en lo sobrenatural.

   5. Cumplir con amor las obligaciones de este mandamiento

   Jesús, María y José forman la Sagrada Familia -modelo de todas las familias-, en la que reinaba el cariño, la obediencia y la alegría. También en la nuestra debe ser el amor a Dios -y a los demás por Dios- lo que nos mueva en todo momento a cumplir gustosamente nuestros deberes.

   El cumplimiento del cuarto mandamiento lleva consigo una recompensa: “Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar” (Éxodo 20,12). Dios bendice con frutos espirituales y temporales la paz y prosperidad; al contrario, la no observancia entraña grandes daños, no sólo para la persona sino para la comunidad humana.

Curso de Catequesis. Don Jaime Pujol Balcells y Don Jesús Sancho Bielsa. EUNSA. Con la autorización de Don Jesús Sancho

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