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   El número de matrimonios rotos al año ha crecido un 72% en la última década, según publicaba el Instituto de Política Familiar. ¿Puede esto tener consecuencias en la escuela?


   “Niños que antes permanecían sentados en clase sin moverse y hacían pacientemente su trabajo, ahora se mueven por clase sin para, interfiriendo las actividades escolares”, escribe Paulino Castells en su libro “Separación y divorcio”. También habla de “interrupción temporal del proceso de aprendizaje”, de “tristeza”…
   Son algunos de los síntomas que el profesor percibe en aquellos alumnos que están sufriendo un proceso de divorcio. Sin embargo, los efectos pueden prolongarse en el tiempo y acabar con un descenso del rendimiento académico.

   En EEUU algunos estudios han relacionado incluso delincuencia y consumo de drogas con hijos de parejas divorciadas. Pero, sin necesidad de llegar tan lejos, hace dos años se publicó un informe de las profesoras Waite y Gallagher, titulado “The Case for Marriage”,

   Familia “rentable”

   Estas profesoras llegan a la conclusión de que mantener el matrimonio sale “rentable”, tanto para ellos como para los hijos, tanto económicamente como en aspectos como la salud y el fracaso escolar. Y, sobre todo, desde el punto de vista personal.

   Por ejemplo, el divorcio de los padres aumenta las probabilidades de que los hijos se divorcien, y reduce las posibilidades de éxito escolar y de la carrera profesional de sus hijos.

   ¿Pero son trasladables estas cifras a España? A juicio de los especialistas, sí, con matices. El bajón de rendimiento del alumno ante un proceso de divorcio de los padres es general. El problema es cuando esta bajada se prolonga en el tiempo, desvincula al alumno de su grupo de amigos, o le lleva a conductas problemáticas.

   Diversos autores hablan de que las consecuencias que se deriven tienen relación con la actuación de padres y profesores. Prestar atención al alumno, intentar que no se desligue de sus compañeros, ayuda en muchos casos. Pero es esencial que el alumno no sienta que uno de sus padres ha “desaparecido”, y que lo integre pronto en su vida. Sin ello, el niño estará perdido.

   “En todos los hijos de divorciados hay una inflexión en el rendimiento”

   El doctor Castells, además de doctor en Medicina y Cirugía, tiene las especialidades de Pediatría, Neurología y Psiquiatría. Como escritor, aparte de colaborar en tratados médicos, ha escrito libros como Guía práctica de la salud y psicología del adolescente, Los hijos del divorcio o En pareja. Los secretos del amor y del desamor (Planeta).

  —¿A cuántos hijos de divorciados alcanza el fracaso escolar?

  —No hay cifras exactas, depende del ámbito cultural. En todos los hijos hay una inflexión –o bajón– del rendimiento escolar, ya sea antes, durante o después de la separación. Este bajón se recupera tras el primer impacto, pero hay un remanente importante, alrededor de una tercera parte, cuyo bajón desemboca en fracaso escolar. Ocurre también, en un porcentaje pequeño, que alumnos no brillantes subliman su frustración dedicándose a los estudios a fondo y mejoran en gran medida su rendimiento.

  —¿Cuál es la etapa crítica del alumno?

  —La adolescencia es la etapa crítica por excelencia, la más frágil: en ese momento se ponen las bases de la personalidad y se proyecta la vida, incluso la profesional. El divorcio de los padres hace que se reconsideren todos los proyectos: al existir normalmente dificultades económicas tras un divorcio, el alumno opta por renunciar a los estudios para ganar dinero con que ayudar.

  —¿Y en niños de menor edad?

  —El divorcio se suele producir porque uno de los progenitores quiere renunciar a su papel. Si encuentra un padrastro que asuma esas funciones, el crío lo agradece mucho. Hay que recuperar la función social del padrastro.
   José M. LACASA. Con la autorización de: www.magisnet.com
 

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