Además de las buenas relaciones humanas que deben existir entre los padres y profesores, que están unidos fuertemente en la tarea común de educar a sus hijos/alumnos, también son de extremada importancia las relaciones entre los profesores y alumnos en el aula y en el colegio.   La cordialidad y el buen humor han de presidir esas relaciones en todo momento, ya sea cuando todo sale bien o cuando están cansados o les duele la cabeza.

   Esta convivencia cordial no se consigue a base de prohibiciones, de gritos, de castigos o de golpes. El profesor que conoce a sus alumnos -lo que supone interés y dedicación- prevé cómo van a reaccionar ante un hecho concreto.

   La educación no se consigue por miedo al castigo y una clase paralizada por el miedo, puede tener apariencia de orden y compostura, pero esas conductas son forzadas y no tienen valor educativo.

   El alumno debe tener la seguridad de estar apoyado por el profesor y esto se consigue reforzando las actuaciones positivas del alumno, en lugar de resaltar con frecuencia las negativas.

   Para mantener la convivencia hay que cultivar el diálogo y especialmente la actitud de saber escuchar. En la clase hay que compaginar el diálogo amable y la disciplina.

   Cuando sea necesario habrá que aplicar las normas de convivencia incluidas en el Reglamento de Régimen Interior y aplicar, si es el caso, el castigo correspondiente a la falta cometida. En todo caso habrá que hacer ver al alumno que se impone un castigo por su conducta antisocial, no como un enojo del profesor.

   El profesor no puede convertirse en un cazador de faltas, sino más bien tiene que prevenirlas y enseñar y facilitar al alumno el comportamiento correcto. Quizá sea ésta la diferencia fundamental entre educador y enseñante.

   A veces puede resultar difícil compaginar la autoridad y la convivencia basada en la cordialidad. La autoridad tiene que ser reconocida por los alumnos y se gana por el prestigio y la dedicación del profesor.

   Con su autoridad, el profesor puede implantar el orden que es la base de la convivencia. Pero este orden nunca es inmovilidad y rigidez, sino que, con naturalidad, los alumnos se mueven cuando es necesario y guardan silencio absoluto cuando lo demanda el profesor.

   ¿Qué es preferible el trato de usted o el tuteo? Dependerá de la costumbre de cada uno, pero en todo caso tendrá que quedar a salvo el respeto y el aprecio mutuos, así como la necesaria autoridad del profesor.
   Arturo Ramo.

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